
Esta en boca de la gente y de muchos medios el hecho de que TVE no emite publicidad de la manera que la conocemos desde comienzos del presente año 2010. En realidad si puede emitir anuncios de carácter social y turístico como campañas antidroga, anuncios de la DGT o promociones de comunidades autónomas. Lo que todo el mundo (entre los que me cuento) se pregunta es, ¿teniendo la deuda tan gigantesca que tiene TVE, cómo piensan hacer frente a los gastos sin la publicidad?
Las cadenas privadas son, en parte, la respuesta ya que deberán abonar una cuantiosa suma a la televisión publica nacional. A cambio, a modo de compensación, han aumentado el ratio de tiempo publicitario que éstas pueden emitir pasando de los 12 minutos por hora de contenidos a 29 minutos por hora de contenidos. Si para mí ya era insoportable ver casi cualquier programa en televisión ahora debe ser una tortura sin parangón además de un derroche de dinero inconmensurable. Esto se debe a que todo el dinero que deja de recibir TVE por publicidad no lo pueden absorber las privadas porque se saturarían así que de los más de 500 millones que habría para repartir, 100 irán a parar al limbo. Es difícil pensar que si TVE gozaba de una más que dudosa sostenibilidad económica en el pasado vaya a funcionar este arriesgado modelo (por mucho que esté copiado del sistema francés).
Podríamos mencionar el demagógico argumento que se está empezando a escuchar: “¿Cuánto va a costar por año TVE a cada ciudadano? ¿Por qué voy a tener que pagar por algo que no veo?”. Lo cierto es que, aunque el nuevo modelo de financiación pueda ser incorrecto este argumento es inválido, el Gobierno debe construir carreteras con el dinero de todos aunque yo en particular no utilice jamás alguna de ellas. En eso, precisamente, se basan los impuesto, algunos pagan por cosas que sólo otros utilizan y, recíprocamente, esos otros pagan por cosas que sólo los primeros usan.
Hay puntos de este nuevo sistema que no alcanzo a comprender su objetivo, tampoco puedo cuestionarlos por desconocimiento pero presiento que, debido al escaso presupuesto, las inversiones en crear contenidos de calidad no serán demasiado importantes.
Lo que realmente veo necesario es la regularización de una televisión a la carta en la que se pague una cuota fija al mes y se pueda acceder a todo el contenido que uno desee a través de internet, por ejemplo. Algo parecido a Spotify pero a nivel de cine, series y otros programas. La empresa proveedora podría monitorizar el número de visionados de cada producto y repartir la cantidad proporcional a las editoras de dichos productos. Quizás el gran público no esté preparado aún para un sistema de estas características pero estoy completamente seguro que acabaremos de esta manera.
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